SQM

Introducción

La SENSIBILIDAD QUÍMICA MÚLTIPLE (SQM) es una enfermedad adquirida caracterizada por la pérdida progresiva de tolerancia a productos químicos diversos, sus síntomas son reproducibles con la exposición química repetida y aparecen ante niveles muy por debajo de los rangos establecidos como límite de exposición profesional,

Su carácter es crónico y no tiene tratamiento específico, siendo la evitación de las reexposiciones la medida más eficaz.

Los primeros casos de SQM fueron comunicados a mediados del siglo pasado por el alergólogo estadounidense Theron Randolph y han ido en aumento desde entonces. Hasta 1967 se creía que su causa era una alergia, hipótesis que se descartó al poder medir las inmunoglobulinas y practicar test de sensibilidad cutánea, que en los enfermos de SQM son normales.

En 1987 un grupo de trabajo de la Universidad de Yale (EE.UU.), dirigido por el Dr. Cullen, publicó diversos estudios basados en trabajadores que desarrollaban síntomas de SQM y estableció una primera definición de la enfermedad. En 1989 se determinaron los criterios diagnósticos iniciales en una primera conferencia de consenso, base de los CRITERIOS ADOPTADOS POR CONSENSO INTERNACIONAL en 1999 (Bartha et al.) y que son los siguientes:

  • Los síntomas son reproducibles con la exposición química repetida.
  • La condición es crónica.
  •  Niveles bajos de exposición ocasionan manifestaciones del síndrome (dichos niveles son más bajos que los usuales o previamente tolerados)
  •  Los síntomas mejoran o se resuelven cuando los incitantes son eliminados.
  •  Las respuestas se presentan a múltiples sustancias sin relación química.
  • Los síntomas implican múltiples sistemas orgánicos.

Detección y diagnóstico

La detección y el diagnóstico de la SQM se basa en criterios clínicos (síntomas referidos por las personas afectadas e historia de exposición química), utilizando como apoyo cuestionarios que permiten identificar los agentes desencadenantes de los síntomas y cuantificar la gravedad y la repercusión de la enfermedad sobre las actividades de la vida diaria.

No existen analíticas ni pruebas complementarias que permitan confirmar la SQM pero deben realizarse para excluir otras posibles enfermedades.

El cuestionario de autoevaluación más utilizado es el QEESI (Quick Environmental Exposure and Sensitivity Inventory) que con una sensibilidad del 92%, y una especificidad del 95%, puede diferenciar a las personas sensibles de los controles y está validado como un instrumento fiable, sensible y específico para medir la SQM, utilizándose en la práctica como criterio de gravedad y de pronostico evolutivo de la enfermedad.

Si bien no existen clasificaciones plenamente validadas, en España se utiliza la clasificación SANOXA (Hospital Clínic de Barcelona) que, basada en la puntuación del QUEESI, valora de forma escalonada los diferentes grados de afectación en una escala de I (leve) a IV ( grave).

Limitaciones, Reconocimiento, y Codificación de la enfermedad

El hecho de que no existan pruebas específicas para confirmar el diagnóstico, es uno de los factores que contribuyen a que los afectados por SQM sean con frecuencia injustamente etiquetados de rentistas, simuladores o absentistas laborales, sin embargo su enfermedad es muy real y les obliga a modificar los hábitos de su vida diaria.

Las limitaciones en la accesibilidad al transporte a los edificios públicos y otras instalaciones, las dificultades para localizar un entorno adecuado para vivir, la pérdida de ingresos económicos y el aumento de gastos que conlleva la enfermedad, la falta de apoyo de autoridades e instituciones las dificultades para mantener una adecuada vida social, la inseguridad, la ausencia de autonomía  la falta de comprensión de otras personas, contribuyen al aislamiento de los afectados y a mermar drásticamente su calidad de vida.

 El hecho de  que la Organización Mundial de la Salud (OMS) no reconozca la SQM, contribuye también a que los afectados se sientan infravalorados y menospreciados por el Sistema Sanitario.

Este organismo es el responsable de la revisión periódica de la Clasificación Internacional de enfermedades (CIE) y de la adjudicación de los códigos que corresponden a cada una de ellas, de forma que ningún país puede variar la estructura de la clasificación ni crear nuevos códigos.

Para simplificar la búsqueda de las diferentes enfermedades la OMS permite la creación de modificaciones clínicas por las que han optado países como Austria o Alemania.

El código de la CIE-10 sigue siendo el T78.4 “alergia no específicada”. En España en 2014,  se codificó en la CIE-9 MC (CIE-9 modificación clínica) dentro del grupo de “alergias no específicas” (código 995.3).

Prevalencia

No es fácil conocer la incidencia de la enfermedad pero algunos estudios estiman una prevalencia entre el 0,2% y el 4% , con un claro predominio de mujeres entre las personas afectadas.

Causas

Aunque se barajan diversas hipótesis, su causa sigue siendo desconocida, pero a medida que se avanza en el conocimiento de la SQM se van enfocando las investigaciones hacia un origen organotóxico.

 ⇒ ⇒ El desencadenante de la SQM puede ser la exposición única o reiterada a uno o varios productos tóxicos.

Buena parte de las SQM se producen en el ámbito laboral, por exposición de los trabajadores a fumigaciones, productos químicos diversos, vertidos de gasoil o edificios enfermos.

Las investigaciones confirman que la exposición a productos químicos a niveles considerados años atrás como “seguros”, pueden ser más perjudiciales de lo que se creía y que la combinación de dos o más de ellos puede ser impredecible multiplicando el riesgo.

Síntomas

Los síntomas son diversos, variables en gravedad, frecuencia y duración e implican a diferentes órganos y sistemas: cardiovascular, endocrino, hepático, inmunológico, psicológico, neurocognitivo, neurológico, ginecológico, andrológico, y en  piel y mucosas.

 ⇒ ⇒ Además, sustancias químicas similares pueden originar síntomas diferentes en una misma persona.

Pueden aparecer con sustancias previamente toleradas, produciéndose el fenómeno de spreading o propagación, con tendencia al aumento del número de sustancias químicas estructuralmente no relacionadas ante las que la persona afectada reacciona; con aumento progresivo de los síntomas y de su intensidad. También pueden aparecer intolerancia a bebidas alcohólicas, a algunos alimentos o a medicamentos que previamente no originaban problemas.

Evolución

De curso crónico y persistente, en su evolución intervienen diversos factores entre los que destacan los siguientes:

  •  Tiempo de exposición: la exposición repetida a uno o más productos químicos durante más de 6 meses es factor de mal pronóstico.
  • Intensidad de la exposición (a mayor intensidad, mayor daño). Exposiciones únicas a dosis elevadas de productos químicos, son suficientes para desencadenar la enfermedad.
  • Tipo de producto químico: su agresividad será mayor cuanto mayor sea su capacidad de persistencia en el organismo.
  • Tiempo transcurrido desde el inicio de la enfermedad hasta su diagnóstico: siendo peor el pronóstico cuanto más se tarde en diagnosticar la SQM.
  • Intensidad de los síntomas al desencadenarse la enfermedad (a mayor intensidad peor evolución).
  • Existencia de enfermedades asociadas: fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, síndrome seco, colon irritable, etc. empeoran el pronóstico.
  • Capacidad de adaptación de la persona afectada: mejor control evolutivo cuanto más se adapte la persona a las condiciones de evitación de factores desencadenantes y a las pautas de comportamiento ante la enfermedad.

Actuación terapéutica

La SQM no tiene un tratamiento específico. Es un síndrome complejo que precisa un manejo terapéutico multidisciplinar, encaminado a mejorar los síntomas, tratar las enfermedades asociadas y mejorar la calidad de vida.

Las intervenciones terapéuticas deberán adaptarse al dinamismo de la enfermedad y a sus rápidos cambios de sintomatología.

LA MEDIDA QUE SE HA DEMOSTRADO MÁS EFICAZ ES LA EVITACIÓN DE LAS REEXPOSICIONES.

De suma importancia es mejorar las estrategias de afrontamiento de la SQM, proporcionando a los afectados los medios necesarios para mejorar su calidad de vida, incluyendo el apoyo psicológico y social.

Se recomienda una adecuada ventilación y aireación de los espacios en los que se encuentran las personas afectadas. Es fundamental evitar la exposición a los sensibilizantes químicos y realizar un adecuado control ambiental, entendido como un conjunto de conductas encaminadas a evitar o minimizar al máximo la exposición y /o el contacto con fuentes de riesgo para la salud.

Con el CONTROL AMBIENTAL se eliminan o reemplazan productos, objetos y sustancias que contienen o generan elementos tóxicos y es la herramienta fundamental que permite paliar los efectos de la enfermedad mejorando la calidad de vida. Está basado en el control de:

1)      La calidad del aire que respiramos:

  •  En interiores, con una adecuada ventilación y el uso de purificadores de aire.
  • En el exterior, alejándose de focos de emisión de tóxicos (humo de incendios, obras, gases emitidos por el tráfico, las calefacciones, las industrias, etc.).

2)      La calidad de la alimentación:

  •  Natural, sin aditivos, conservantes ni colorantes.
  • Sin plaguicidas, insecticidas, acaricidas, fungicidas, ni herbicidas.
  • Sin metales pesados.
  • Sin modificaciones genéticas.

3)      La calidad del agua:

  • Tanto la que se utiliza para beber, para cocinar o para el aseo personal, usando filtros (ej. ósmosis inversa) y decloradores de ducha.

4)      Las sustancias que aplicamos en la piel, teniendo en cuenta que la mayoría de los productos para la higiene personal contienen varias sustancias sintéticas derivadas de los hidrocarburos, con frecuente presencia de metales como el cinabrio o el sulfuro de mercurio. Pueden utilizarse en su lugar aceites biológicos de primera prensa en frio de origen biológico.

5)      Evitación de todo agente o situación que suponga un factor de riesgo.

Actualmente la evidencia científica disponible sobre la eficacia de los tratamientos farmacológicos que se vienen utilizando o que están en estudio no es suficiente para aconsejar ninguno de ellos.

Existe la hipótesis patogénica de la superposición de síndromes con similar afectación sistémica por lo que se ha generado el término: SENSIBILIZACIÓN CENTRAL, enfermedades con las siguientes características:

  •  Síndromes con similar afectación sistémica.
  • Definidos con criterios diferentes pero con signos y síntomas comunes.
  • Que cursan con incremento y prolongación de la excitabilidad neuronal del sistema nervioso central (SNC), a través de mecanismos neuroquímicos comunes y de alteración de neurotransmisores.
  • Sin alteración estructural o causas que las expliquen.

Entre estas enfermedades se encuentran el síndrome de Fatiga Crónica (SFC), la Fibromialgia (FM), la Sensibilidad Química Múltiple (SQM), Sensibilidad Ambiental (eléctrica, electromagnética), la Disrupción Endocrina Múltiple, el Síndrome Seco de Mucosas, la Cistitis Crónica Intersticial o el Síndrome de Colon Irritable, entre otras.

Cuando una o más de estas enfermedades o cualquier otra se asocia a la SQM, será preciso tratarlas para mejorar la calidad de vida.

Es preciso tener claro que la SQM no tiene un origen psicológico ni psiquiátrico, su desarrollo y su incidencia (en aumento en los últimos años), han ido de la mano del creciente desarrollo de la industria química que no cesa de colocar en el mercado productos poco estudiados, sintéticos, ajenos a la naturaleza (xenobióticos), de efecto impredecible sobre las personas y sobre el medio ambiente.

Por lo tanto el tratamiento con antidepresivos o ansiolíticos sólo debe hacerse cuando está indicado si aparecen síntomas durante la evolución de la enfermedad, como consecuencia de los cambios impuestos por ésta, de la falta de apoyo del entorno o del propio Sistema Sanitario y nunca porque esos trastornos sean la causa de la SQM que no lo son.

Es importante destacar que a veces se cree erróneamente que las exposiciones repetidas crearán tolerancia, nada más lejos de la realidad: lo que hacen es empeorar los síntomas y agravar la enfermedad. Por eso es importante, para mantener la actividad laboral el mayor tiempo posible, que empresas y unidades de Salud Laboral se impliquen adecuadamente adaptando los puestos de trabajo y tomando las medidas necesarias para evitar las exposiciones.

Es definitorio de la SQM que la persona afectada desarrolle síntomas al exponerse a niveles en los que el químico está muy por debajo de los rangos establecidos como Límites de Exposición Profesional para Agentes Químicos. Además, puede verse afectada por exposiciones que no son consideradas como riesgos profesionales pero que pueden desencadenar sintomatología, como perfumes, fragancia, productos de limpieza, papel impreso, obras, mobiliario nuevo en el ambiente de trabajo, entre otros.

La SQM debe ser entendida como un problema de salud que, como primera indicación terapéutica, tiene que evitar en lo posible la exposición a desencadenantes. Esto mejora los síntomas, disminuye el número de crisis y evita la aparición de nuevas intolerancias. Por eso es fundamental que los Servicios de Prevención de Riesgos Laborales eviten y controlen adecuadamente los riesgos, valorando la posibilidad de un cambio de puesto de trabajo en caso necesario y cuando esto no sea suficiente deberá plantearse la incapacidad temporal en las fases sintomáticas de agudización o permanente cuando sea preciso.

Es aconsejable informar a nuestro entorno de que padecemos SQM, facilitándoles la comprensión de la enfermedad y ofreciéndoles alternativas al uso de determinados productos químicos.

Conclusión

Una vez diagnosticada la SQM, deberemos aprender a convivir con ella, adaptándonos a los cambios que impone en nuestras vidas y  comprendiendo que se trata de una enfermedad crónica que nos hará modificar los hábitos de la vida diaria. Debemos aprender a cuidarnos basándonos en nuestra propia experiencia,  adoptar una nueva actitud frente a los cambios, perder el miedo y buscar apoyo en asociaciones de enfermos con SQM que nos permitan canalizar los sentimientos de frustración que se generan y compartir con ellos información y experiencias.

Los enfermos de SQM no podemos perder la esperanza y debemos luchar por nuestros derechos. 

SQM-Galicia nos puede ayudar a conseguirlo.